segunda-feira, 9 de janeiro de 2012

OUTRO MANUSCRITO COM GAIVOTAS




OUTRO MANUSCRITO COM GAIVOTAS

em direcção ao fundo berço do ritmo tu me chamas
trazendo-me a concha da profundidade.
Carlos Edmundo de Ory


Sempre o soube depois de tantas noites de mar, de constalações
e jardins: uma pessoa se perde no azougue salgado das asas,
acreditei nas noites diferentes, sucessivas do pião rodando
em círculos simétricos, na luz levantada desde os olhos, mas foi
enganador o voo, quando acariciava o interior das recordações
sentado no cais do sonho e a esperança: tudo é realidade
em crise, a luz ao derramar-se sobre as têmporas, torturam esses dias
incertos, há um destino que nos gasta desnecessariamente,
os olhos do sal no rodete da espuma,
o beijo rouco do soluço,
o ódio que brota de tanta monotonia no espelho.


Passei anos maravilhado caminhando no litoral do fogo diurno,
pensei na chamada "Primavera Árabe" perpétua e guardei silêncio:
sim, nas pálpebras pode ler-se aquele poema escrito à noite,
a própria aldraba fechada dos latidos,
ao vilão pendurado nas sombras do vento, em ritmo crepuscular
se quisermos, terra na agonia do olho. Durante dias li
o mesmo poema do mar: o labor das gaivotas em uníssono,
toda a alucinação que me produz o palpite:
(-no sutiã dos teus labios contive todas as minhas ansias, o labor
de plantar árvores e pássaros, trabalhar nas ramas do peito;
durante longas noites, notei a escuridão derradeira do calendário,
a farinha dos latidos sem ganhar a luz...)


Cada vez o tempo faz estragos nos féretros, em cada asa
ou espiga que ganhamos ou perdemos, nesse ritmo arqueado do arco-íris,
no silêncio que sucede aos contrafortes.


Tanto pode a noite que nos tornou matéria escura; tanto pode
a névoa que jamais nossos olhos dissiparam no fornilho:
confundimos os grises da neblina com o fumo do tabaco,
entre poema e luz, a agonia,
estes braços encalhados na ferida, a pétala descendo
à precariedade das coisas: depois um século sem purificar a tramontana,
o seio derretido ou apagado, o relógio surdo que bebemos
na encruzilhada dos caminhos, dias ofegantes de folhagem, deixados
ao palpite subterrâneo do augúrio. Altas badaladas de estio
povoando o pó e a cruz, são o convento para as nossas chagas;
na lágrima dos peixes, há um esvoaçar de tormentas,
negros vitrais como uma lista de espera nos diques,
anéis de uivos, gotas de silenciosas fossas,
caminhos que pertencem aos alquimistas mas não a nós:
filhos da pedra e de torpes gargantas.


Noites moribundas do primeiro estalo da terra.
Agora tenho sono. As redes da noite são um destino, acaso
o meu, depois daquele destino de beijos.


André Cruchaga- El Salvador
Barataria, 20.XII.2011
Traduçao ao português: Tania Alegria


*****

OTRO MANUSCRITO CON GAVIOTAS

hacia la honda cuna del ritmo tú me llamas
trayéndome la concha de la profundidad.
CARLOS EDMUNDO DE ORY


Siempre lo supe después de tantas noches de mar, de constelaciones
y jardines: uno se pierde en el azogue salado de las alas,
creí en las noches diferentes, sucesivas del trompo rodando
en círculos simétricos, en la luz levantada desde los ojos, pero fue
engañoso el vuelo, cuando acariciaba el interior de los recuerdos
sentado en el muelle del sueño y la esperanza: todo es realidad
en crisis, la luz al derramarse sobre las sienes, torturan estos días
inciertos, hay un destino que nos gasta innecesariamente,
los ojos de la sal en el yagual de la espuma,
el beso ronco del sollozo,
el odio que brota de tanta monotonía en el espejo.

Pasé años maravillado caminando en el litoral del fuego diurno,
pensé en la llamada “Primavera árabe” perpetua y guardé silencio:
sí, en los párpados puede leerse aquel poema escrito a la noche,
la propia aldaba cerrada de los latidos,
al vilano colgando de las sombras del viento, a ritmo crepuscular
si se quiere, tierra en la agonía del ojo. Durante días he leído
el mismo poema del mar: la labor de las gaviotas al unísono,
toda la alucinación que me produce el pálpito:
(―en el sostén de tus labios contuve todas mis ansias, la labor
de plantar árboles y pájaros, trabajar en las ramas del pecho;
durante largas noches, advertí la oscuridad postrera del calendario,
la harina de los latidos sin ganar la luz…)

Cada vez el tiempo hace estragos en los féretros, en cada ala
o espiga que ganamos o perdimos, en ese ritmo arqueado del arcoíris,
en el silencio que le sucede a las estribaciones.

Tanto puede la noche que nos volvió materia oscura; tanto puede
la niebla que jamás nuestros ojos se aclararon en la hornilla:
confundimos los grises de la neblina con el humo del tabanco,
entre poema y luz, la agonía,
estos brazos encallados en la herida, el pétalo descendiendo
a la precariedad de las cosas: después un siglo sin purificar el cierzo,
el seno derretido o apagado, el reloj sordo que bebimos
en el cruce de los caminos, días jadeantes de follaje, dejados
al pálpito subterráneo del augurio. Altas campanadas de estío
poblando el polvo y la cruz, son el convento para nuestras llagas;
en la lágrima de los peces, hay un aleteo de tormentas,
negros vitrales como una lista de espera en los embarcaderos,
anillos de aullidos, gotas de silenciosas fosas,
caminos que pertenecen a los alquimistas pero no a nosotros:
hijos de la piedra y de torpes gargantas.

Noches moribundas del primer estallido de la tierra.
Ahora tengo sueño. Las redes de la noche son un destino, acaso
el mío, después de aquel destino de besos…



André Cruchaga- El Salvador

Barataria, 29.XII.2011

Um comentário:

diego guerra disse...

mui bueno este poema tu blog es lindo si puedes tambien visita mi blog gracias.
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